Lo que podemos aprender de Finlandia
La enseñanza es lo primero: todos en Finlandia, incluida la primera ministra, se benefician de un sistema escolar ejemplar.
Sanna Marin, de 34 años, nacida en el pueblo de Pirkkala, puede citarse a sí misma como ejemplo cuando se le pide que explique el éxito del sistema educativo de Finlandia. Esta política socialdemócrata nació en el seno de una familia de clase trabajadora con carencias educativas. Después de que sus padres se divorciaron, fue criada inicialmente sola por su madre. Marin aprobó sus exámenes de nivel secundario sin ningún problema y en 2017 obtuvo una máster en ciencias administrativas en Tampere. Apenas dos años después, a finales de 2019, cuando asumió el cargo de la jefa de gobierno más joven del mundo, esbozó su objetivo más importante: "Finlandia debe ser un país en el que todos los niños puedan alcanzar una meta.”
Cuando hace exactamente dos décadas Finlandia ocupó el primer lugar en el primer estudio PISA sobre resultados escolares, la adolescente Sanna Marin se sentía bien acogida en el inclusivo sistema escolar de Finlandia, el cual ofrece atención mañana y tarde, durante los primeros nueve años de escuela, y en el cual más del 90 por ciento de los jóvenes cursan los tres años de bachillerato. Los almuerzos gratuitos para todos los estudiantes son estándar, al igual que los libros de texto gratuitos.
Al alto nivel de educación contribuye, además de la cuidadosa formación del personal docente y una gran libertad pedagógica, la baja presión de calificación, así como clases de tamaño reducido y mucho apoyo de profesionales a "casos problemáticos". Todo esto cuesta dinero. Con el 7,1% del producto interno bruto (2015), Finlandia también está muy por delante en la clasificación mundial en lo que respecta al gasto en educación.
Pese a todo, hace unos años Finlandia cayó significativamente en el ranking de Pisa. Los planificadores escolares estatales y municipales han reaccionado con éxito, según los baremos de Pisa, con nuevos conceptos más orientados a proyectos. Esos cambios son más fáciles y rápidos de implementar en un país de cinco millones de personas, con relativamente pocos inmigrantes y un consenso educativo positivo y sólidamente anclado que, por ejemplo, en un país como Alemania, mucho más grande y de estructura federal.
Lo que preocupa en Finlandia es que los niños están muy por detrás de las niñas en todos los resultados. Desde que el Gobierno de Marín asumió el cargo, el liderazgo de las mujeres jóvenes también se ha reflejado en la política: los cuatro partidos de la coalición de Gobierno están dirigidos por mujeres, y tres de ellas no tienen más de 35 años.
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