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Hacer jaque mate es guay

Wolf ZinnWolf Zinn, 31.03.2025
Schach

El ajedrez fue durante mucho tiempo el “hijo no deseado” entre los juegos: tan entretenido como un examen de matemáticas y tan moderno como un fax. El tópico era: hombres mayores con gafas de pasta, barba, pipa y un aire serio se pasaban horas dándole vueltas a las complejas variantes del juego. Sin embargo, ahora millones de jóvenes encuentran genial este juego de mesa de unos 1.500 años de antigüedad, especialmente en Alemania. En grandes ciudades como Berlín y Hamburgo, el auge del ajedrez no solo se vive en los clubes, sino que cada vez más también en cafés y bares de moda. 

¿A qué se debe esto? La culpa la tiene, en primer lugar, el efecto Netflix: la exitosa serie “Gambito de dama” transmitió a los jóvenes la imagen de que quienes juegan al ajedrez tienen un rollo muy guay. Grandes maestros alemanes como Georgios Souleidis, Sonja Maria Bluhm o Lara Schulze comparten sus jugadas más brillantes en redes sociales, sumando decenas de miles de seguidores. Al mismo tiempo, incontables memes sobre ajedrez inundan internet, con el lema: “Por fin se puede reír en este juego, sobre todo de uno mismo.” Y luego está el prodigioso Vincent Keymer, que recientemente ganó el torneo de ajedrez freestyle en Weißenhaus, a orillas del mar Báltico, con un jugoso premio en metálico. El joven de 20 años demuestra cómo los jóvenes ajedrecistas pueden convertirse en auténticas estrellas. Y con alrededor de 95.000 miembros, la Federación Alemana de Ajedrez es una de las más grandes del mundo, un deporte popular sin riesgo de tendinitis ni esguinces.

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Duro para algunos jugadores y jugadoras mayores y experimentados (con o sin pipa): los jóvenes talentos les hacen jaque mate en unos pocos movimientos, gracias a su entrenamiento con apps de ajedrez. Hace falta tener buen control de los impulsos, porque el ajedrez siempre es brutalmente honesto. Ningún algoritmo te salva, ningún filtro disimula tu incapacidad. Pero es justamente eso lo que hace del juego una experiencia genuina de la vida. Así que: saca el tablero, mueve el caballo y reza para que nadie te esté grabando si encajas una derrota en tres minutos.

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