De la panadería al mundo
La panadera de profesión Regina Schreyer pasó cuatro años viajando como oficial errante, recorriendo toda Alemania y medio mundo.

Regina Schreyer, del pueblo de Plankenfels en el sur de Alemania, lo tuvo claro desde muy joven: la vida es demasiado corta como para andar lamentándose. Quería viajar y descubrir el mundo. Tras terminar su formación como panadera en Bamberg, con solo 19 años, se dijo a sí misma: “Me voy de viaje como oficial errante, ¡a vivir aventuras!”
La “Walz”: un viaje tradicional lleno de historia

La Walz es una tradición centenaria, pero no un camino fácil. El dinero suele escasear, la verdadera moneda es la confianza y la apertura. Durante tres años y un día, los oficiales errantes de distintos oficios artesanales deben viajar, trabajar en diversos lugares y crecer tanto personal como profesionalmente. Deben mantenerse al menos a 50 kilómetros de su hogar, y los smartphones están prohibidos. Se les reconoce por su sombrero especial, su bastón de viaje, un hatillo con sus pertenencias y la vestimenta tradicional de su oficio: en el caso de Regina, un chaleco de cuadros pepita, símbolo del oficio de panadera.
Comenzar en tiempos de pandemia
En noviembre de 2020, en plena pandemia, Regina inició su aventura como miembro de la asociación de oficiales errantes “Löwenbrüder und -schwestern Europas”. Ya su primera parada, Bad Segeberg, le deparó una sorpresa: “En mi tierra, Franconia, hay cervecerías artesanales en cada esquina con cerveza increíble, pero en el norte casi todo es cerveza industrial... ¡menudo choque cultural!”, dice entre risas.

Encuentros especiales... y algún que otro comentario desagradable
El viaje de Regina fue tan diverso y colorido como las personas que conoció. A menudo la gente le hablaba, la invitaba a comer y la recibía con los brazos abiertos. Encontrar trabajo tampoco fue complicado. A veces se quedaba solo unos días en las panaderías, otras veces varios meses. No todos los encuentros fueron agradables: “También hubo comentarios desagradables, pero aprendí a lidiar con ellos.”
En Frisia Oriental, Regina ayudó a unos punks a cuidar ovejas, y enseguida nombraron a un corderito recién nacido en su honor. En Lusacia, tomó “demasiado vino” con un párroco hasta altas horas de la noche mientras mantenían apasionantes conversaciones. En una granja ecológica cerca de Chemnitz, coincidió con “ecologistas veganos”.
Bonn en el corazón y el mundo por descubrir
Regina recorrió a pie todos los estados de Alemania. Bonn, en Renania del Norte-Westfalia, le llegó especialmente al corazón: “¡Es una ciudad preciosa, con gente abierta y acogedora!” Pero su viaje como oficial errante la llevó mucho más allá de las fronteras de Alemania: Noruega, África occidental, desde Ghana hasta Guinea, e incluso Oriente Próximo formaron parte de su viaje. Inolvidable fue su estancia en Omán: “Ahí me enamoré de un hombre maravilloso.”

Después de cuatro años, a sus 23, dio por terminado su viaje como oficial errante, pero las ganas de seguir explorando no desaparecieron. Así que ahora Regina está de nuevo en Omán con su novio: “De momento, unos meses.” ¿Y después? “Ya veremos a dónde me lleva el viento.”